domingo, 4 de enero de 2015

DIA 7 Vendas del Narón - Melide 28km


En marcha otra vez, hoy estaba bastante descansado y pude
llevar la etapa bien una de las cosas del camino es que muchos km los haces en solitario y te da tiempo para pensar y reflexionar, a mi me vino muy bien, a esta altura estas ya acostumbrado a la rutina del camino y a andar, ya una etapa de 28 km no es demasiado. Desayune en Palas de Rei y al salir me cruce con mis amigas de Santomera.
Mas adelante conocimos a otro chico de Barcelona, hay que
ver con cuantos catalanes me cruce en el camino, en seguida entramos en La Coruña, ya el paisaje cambia ,abundan menos los bosques , mi curruca capirotada me abandona y volvimos al verano.
Sentí que ya casi no me quedaba camino en 2 días estaría en
Santiago y me daba pena dejar el camino. El camino del peregrino no es solo el que está bajo los pies, el camino es las experiencias vividas , la gente que conoces, las horas que no duermes mirando las estrellas, el canto de los pájaros y el murmullo de los ríos, el afán de superación y sobre todo llegar a conocerse un poco mas uno mismo, por eso solo me arrepiento de no haber salido de mas lejos de Astorga o León.

Al final llegamos a Melide, pueblo que desde el S X se ha beneficiado y mucho del camino de Santiago y sobre todo de ser final de etapa. El alberge es grande pero cuando llegue hacia mucha cola así que me fui a un hostal y por 15 euros dormí allí. Como era lógico de cabeza a Ezequiel, el sitio esta muy bien y es una mina, al entrar hay una pareja haciendo pulpo a destajo durante horas, tienen que forrarse. El pulpo esta bien a todos nos gusto aunque no note gran diferencia del de otros sitios, sin duda la fama que arrastra en todo el camino es su motor, también es recomendable probar las melindres dulce típico del lugar.


 

En Melide no te puedes fiar y llegar tarde ya que se llena todo, la ultima opción en dormir en el pabellón, aunque no se descansa igual, yo tuve la suerte de dormir todos los días en colchón. Por la tarde estuve llamando para reservar para mañana pero todo estaba lleno, ya me veía durmiendo en el suelo del pabellón de Pedrouzo, aunque esta vez la suerte me sonreiría.



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